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Llegó la Seronda

23 Sep

Cada año, independientemente del transcurrir de los mortales que aún se aferran a su bañador, su toalla y sus falsas ilusiones de playa y calor, el 22 de septiembre es el último día estival en el hemisferio norte, y el día 23 es el primero del Otoño, del triste y oscuro Otoño.

Mientras muchos maldicen por lo bajo mientras miran de reojo al horizonte imaginándose las negras nubes que pronto cubrirán nuestra tierrina, un servidor no puede hacer otra cosa que regocijarse en una extraña ilusión y un alivio personal que sólo yo puedo apreciar.

Porque es ahora, en Otoño, cuando todo es más normal, más auténticamente norteño y, sin ningún tipo de duda, más hermoso. Porque en Otoño se recoge la manzana que será la futura sidra que beberemos en compañía de buena gente durante el resto del año, y porque es ahora cuando el bosque es más bosque que nunca.

Es ahora cuando los erizos, antes verdes y ahora marrones, caen de mis queridos castaños y, salvo alguno de ellos más caprichoso de la cuenta, liberan las castañas que servirán de plácido manjar alguna preciosa tarde de lluvia y cielo negro.

En mi armario ya se mueven nerviosos los abrigos que durante meses aguardaron pacientes mientras el arrogante calor paseaba por aquí, a sabiendas que no era su hogar. A partir del Equinoccio de Otoño, dormiré esperando despertarme fugazmente en la noche y escuchar el agua golpear el cristal de mi ventana, y aguardaré el momento de caminar entre el manto de hojas frías y empapadas de algún hayedo, o entre el olor de la hierba mojada de Sotu, el lugar al que siempre he de volver.

Porque, pese a quien pese, estamos en Otoño. El momento de la vuelta a la rutina, de las mañanas oscuras y los días cortos. El momento del Amagüestu, de la nostalgia y de la sidra nueva. El momento en el que los búhos deciden abandonar su eterna soledad y entran en la época de apareamiento y cría, cantando su apagada tonada en algún tejado de anciana y carcomida madera.

El Curuxu

Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

Paul Verlaine

-Canción de Otoño-

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Publicado por en 23 septiembre, 2010 en Miscelánea

 

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